miércoles 19 de noviembre de 2008

LA AGENDA DE ANA DELIA

- Aquí da lo mismo tener los ojos abiertos o cerrados…l No me voy a dejar morir… ¡Vamos Manuel! – Insistió Vicente Sánchez por enésima vez. Lo sentí chapalear con decisión alejándose. Un grito caló hasta lo más hondo de mi ser y quedó atrapado en la terrible oscuridad. Gateando lo busqué a tientas. Tropecé con un morral: Una linterna, labial, perfume, tres arepas mohosas, bocadillos de guayaba, ropa interior, un paquetico de kotex, tres jugos, la agenda de Ana Delia… Con la linterna comprobé un abismo a veinte metros. Por un lado escalé las rocas hasta un pasadizo estrecho: Cojeando vacilé dos horas por intricados laberintos y para no perderme, regresé. Tal vez hace una semana estamos aquí. Habíamos entrado unas cinco cuadras. Las gacas, asustadas empezaron a escapar de la caverna con estridentes chillidos. Luego que uno de los guías nos acabara de decir: - Guarden silencio, las gacas ahora están durmiendo-. Eran las once de la mañana. Quedamos quietos y callados. La tierra comenzó a bramar. -¡Está temblando!- -Gritó Alicia. Percibí con claridad las espantosas sacudidas. Caía tierra y rocas. Llenos de pánico huimos pero el derrumbe nos atrapó. Con Vicente, escarbando con las manos, por la parte alta, hemos abierto una cueva como de cuarenta metros. Hace un calor infernal y aumenta la hediondez de los cadáveres. Éramos treinta y siete. Hoy, con la fuerza de un jugo y un bocadillo cavé tres metros más. Las yemas me sangran, me duelen las rodillas y ya no siento el tobillo dislocado. Si no puedo salir, pido al Estado que se haga cargo de mi madre Rosa Helena y de la educación de mis hijas: Lola María y Paula. Dios mío, cuánto las amo! A Carmen, mi esposa y a Ricardo; les perdono su traición pero los quiero lejos de mis hijas. A Rita: Gracias por estar a mi lado en las buenas y en las malas. ¡Emiro: Deja las bobadas y dedícate a pintar que tienes madera para eso! Quizá nos encuentren. Escurre agua por todos lados. Ya no me importa el hedor. Estoy fatigado. Tengo sueño. Las pilas están muriendo. Mañana seguiré cavando así sangren manos y rodillas.
Manuel Sanabria

Tomado de los Archivos de Pauna
Por: Eusinio Tocarruncho Alba